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Más allá del idioma: por qué elegir una educación bilingüe

Nuestra directora, Verónica Greene de Peper, explica las ventajas distintivas de la formación bilingüe. 

En un mundo cada vez más globalizado, la elección del colegio para nuestros hijos se vuelve una decisión estratégica que trasciende el presente. La educación bilingüe representa una oportunidad única de desarrollo integral que va mucho más allá del dominio de un segundo idioma. Para comprender sus verdaderas dimensiones, nuestra directora general, Verónica Greene de Peper, nos ayuda a desmitificar conceptos y explica por qué la modalidad educativa del St. Margaret’s School marca una diferencia sustancial en la formación de los estudiantes.

«La diferencia entre un colegio con inglés intensivo y uno bilingüe es que los chicos pasan de aprender inglés como una materia más, a aprenderlo como si fuese su lengua materna», introduce.

No se trata de una diferencia meramente semántica, sino que implica un cambio radical en el proceso cognitivo. Mientras que en un colegio tradicional el inglés se enseña con el foco en la gramática, el vocabulario y las estructuras lingüísticas, en nuestra educación bilingüe los alumnos obtienen pensamiento crítico en ambos idiomas, algo que se consolida en la adolescencia por una cuestión madurativa. 

«Los chicos piensan en inglés naturalmente, sin analizar si algo lo deben decir en tiempo pasado, o con un verbo en particular. Esta apropiación del idioma se logra porque utilizan la misma área en el cerebro para desarrollar ambas lenguas en simultáneo. Eso es así hasta los 7, 8 o 9 años; luego, podés aprender un idioma utilizando otras áreas del cerebro y ya no será lo mismo», explica nuestra directora.

Esta ventana de oportunidad es crucial para entender por qué nuestra educación bilingüe temprana genera resultados tan notables. Y, a la vez, da por tierra con el miedo que muchos padres tienen con respecto a la sobreexigencia que puede significar este tipo de formación. Como los niños aprenden ambos idiomas durante los años más permeables al desarrollo del lenguaje, no representa un esfuerzo adicional sino un progreso natural y orgánico.

Nuestra directora aborda este mito de manera directa: «Una de las evidencias de que los niños no están sobreexigidos es que salen de la escuela y empiezan una vida social intensa. No hay tarea para el hogar en primer, segundo o tercer grado. Recién a partir de cuarto y quinto grado empieza una tarea de relectura, porque este hábito también hay que ir formándolo», detalla, estableciendo que nuestra progresión académica es gradual y respeta los ritmos del crecimiento.

En la práctica cotidiana del aula, esto se traduce en una fluidez natural que sorprende a quienes no están familiarizados con el proceso. «Los chicos entran y salen del idioma, van indistintamente del castellano al inglés, porque en la apropiación del lenguaje su cerebro va buscando la mejor manera de describir una situación espontáneamente», profundiza nuestra directora. Este fenómeno, lejos de ser una confusión, evidencia que el cerebro está procesando ambos idiomas como sistemas integrados de comunicación.

 

Exámenes internacionales y proyección profesional

La certificación internacional constituye otro pilar fundamental que distingue a la educación bilingüe con respecto a otras modalidades formativas.

«Los chicos rinden exámenes internacionales como si el inglés fuese su lengua de base. Es la única manera de poder certificar su bilingüismo y lograr un certificado internacional de culminación de sus estudios secundarios equivalente al del Reino Unido», describe Greene de Peper.

Este sistema de evaluación externa garantiza estándares internacionales y proporciona credenciales reconocidas mundialmente. En nuestro colegio, el proceso comienza en séptimo grado con una entrevista virtual con un examinador nativo y se intensifica durante la secundaria.

Lo más significativo es que estos exámenes no evalúan únicamente competencias lingüísticas: «De los 15 años en adelante, tienen exámenes internacionales de todas las materias, no solo de prácticas del lenguaje. Rinden biología, matemática, física, business, gestión ambiental…», explica nuestra directora. Esta evaluación integral demuestra que los estudiantes han logrado un pensamiento crítico en inglés en todas las áreas del conocimiento.

 

Trascender el inglés

Las ventajas de nuestra formación sobrepasan el dominio lingüístico y se proyectan hacia competencias fundamentales para el futuro. «Los alumnos alcanzan objetivos mucho más generales: pueden pensar adentro y afuera, lo individual y lo grupal, lo nacional frente a lo global», destaca Greene de Peper. Esta capacidad de alternar perspectivas y contextos resulta invaluable en un mundo interconectado donde la flexibilidad cognitiva es esencial.

Nuestra directora profundiza en este aspecto: «Tienen que aprender con dos sistemas educativos diferentes. La metodología, la bibliografía y la forma de evaluar son distintas». Esta exposición a diferentes enfoques pedagógicos requiere una adaptabilidad que se traduce en ventajas concretas en el ámbito académico y profesional. «Son chicos que luego se destacan en sus grupos de estudio y en las entrevistas de trabajo. Si trabajan en empresas multinacionales, por ejemplo, y se encuentran con un líder de otro país, el hecho de haber tenido una universalidad de metodologías hará que sean más permeables a entender un nuevo contexto de trabajo», comenta. 

El bilingüismo en nuestro colegio trasciende ampliamente la adquisición de un segundo idioma; también fomenta competencias socioemocionales como la flexibilidad y la aceptación del contexto, enseñando a nuestros alumnos a navegar entre diferentes sistemas de valores y expectativas culturales. Eso los prepara como ciudadanos globales capaces de pensar críticamente en múltiples idiomas, adaptarse a diversos contextos culturales y profesionales, y contribuir significativamente en un mundo interconectado y multicultural.